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Mujeres Sentadas en Círculo

Te invito a formar parte de una tribu de mujeres con la misión de cuidar de sí mismas y de construir una sociedad «socidaria», en torno a los valores que sustentan la vida, tales como el respeto mutuo, la igualdad, el empoderamiento, la empatía, la solidaridad y cuidar de otros. ¿Te unes?

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¿Te unes?

En el blog:

El camino de la masculinidad sagrada

Masculinidad sagrada
Por qué la masculinidad sagrada es clave para abordar el problema de la masculinidad tóxica, sanar la herida y honrar el papel de la mujer en la sanación del mundo.

Aunque el blog de Mujeres Sentadas en Círculo hasta ahora se ha enfocado más en el sagrado femenino y en nuestro empoderamiento, hoy quiero abrir espacio para la masculinidad sagrada. Lo que es bueno para la mujer, es bueno para el mundo, y en este caso, la masculinidad sagrada no sólo es buena para el hombre, sino también para la mujer. Efectivamente, la masculinidad sagrada es buena para el mundo, y es esencial para construir una sociedad «socidaria», más conectada, compasiva y amorosa.

Para traer este tema al blog, he decidido traducir y adaptar lo más posible a mi propio estilo un artículo que el otro día leí en Bioneers, una organización ánimo de lucro que destaca soluciones innovadoras para restaurar a las personas y al planeta.

En dicho artículo, se entrevistaba a Jerry Tello, quien ha trabajado por más de 40 años en Estados Unidos como experto líder en sanación transformacional para hombres y niños de color, y justicia racial. Aunque la entrevista se enfoca en la población masculina latinoamericana de ascendencia indígena y de color con la que mayormente trabaja Jerry Tello, todo lo que dice me pareció interesante para los hombres en general.

Qué es la masculinidad sagrada

BIONEERS: Cuéntenos qué significa para usted el término «masculinidad sagrada».

JERRY: La masculinidad sagrada realmente comienza con la premisa de que todos somos sagrados. Toda la naturaleza es sagrada: hombres, mujeres, niños, ancianos y todos los que están en el medio. Sin importar cómo te identifiques, eres sagrado. Los niños, cuando vienen a este mundo, son sagrados en su esencia.

El verdadero desafío es lo que sucede durante el viaje de la vida. Cuando los niños pequeños nacen, son sagrados. Lo que sucede en ese viaje es lo que los lleva a un lugar donde están desconectados, ya no actúan de manera sagrada, ni tratan sus relaciones de manera sagrada, ni tampoco se tratan a sí mismos ya de una manera sagrada.

Podemos hablar de lo que la gente llama «masculinidad tóxica» todo lo que quieras, pero si no sabes de qué se supone que debes sanar, de qué se supone que debes desintoxicarte, a dónde se supone que debes ir, qué se supone que debes ser, entonces realmente sólo estás en una búsqueda.

Cuando hablamos de masculinidad sagrada, realmente se trata de comprender esa premisa interconectada. En nuestra sociedad, hemos llegado a un momento donde no confiamos en los hombres, donde muchas veces los hombres son vistos como los perpetradores, como los manipuladores, los violentos, los misóginos, los patriarcales. Y no es que no tengamos esas características. Sí, la tenemos. Cargamos con esas heridas, esas cuestiones, y con esas enseñanzas falsas. Pero raramente hablamos de la parte sagrada de quienes somos.

Abordar el problema de la masculinidad tóxica

Mi trabajo durante los últimos 40 años ha consistido en trabajar con muchos niños heridos, muchos hombres heridos, y muchos hombres que han sido encarcelados o acusados de violencia doméstica o maltrato infantil o jóvenes que son pandilleros o están en las drogas y la violencia.

Por otro lado, muchas personas con carrera y profesionales, son muy tóxicas. Los hombres y los jóvenes que me son referidos por todas esas cosas violentas y negativas, conocen su herida. Pero hay otro grupo completo de hombres que piensan que no tienen desequilibrios o que no tienen toxicidad, porque tienen éxito material, profesional o intelectual. A estos les tengo más miedo, porque no lo admiten ni lo reconocen, lo que significa que no trabajan en ello; ellos piensan que son normales. Creo que eso es lo que ha pasado en nuestra sociedad.

Veo niños pequeños, que están muy enojados a los cuatro años. ¿Y cómo te enojas tanto con cuatro años? ¿Con qué estás enojado?

La herida masculina

Muchas veces, la ira es realmente una manifestación de vergüenza, una manifestación de estar atrapado, una manifestación de no estar claro, de no saber qué hacer, de modo que, reaccionas. Cuando solo te concentras en lo que está desequilibrado, ¿cómo llegamos a lo equilibrado? ¿cómo conseguimos enraizarnos? ¿cómo conseguimos reencaminarnos, purificarnos? ¿cómo conseguimos honrar y reconocer?

Crecí en Compton, South Central, Los Ángeles. En esas comunidades, hay muchas heridas en esas comunidades, debido a la pobreza, el racismo, la opresión, y todas las cosas que suceden en esas comunidades que están extremadamente estresadas. Debido a que, en ellas, a menudo uno tiene que vivir basándose en la supervivencia, tiene que reorientar su vida. 

He hablado con hombres que dicen: “Estoy dispuesto y quiero estar conectado con mi corazón y con mis sentimientos, pero cuando salgo por la puerta, no puedo. No puedo sobrevivir porque la sociedad me ve de manera negativa; siempre estoy siendo atacado tan solo por el color de mi piel. Así que, si abro mi corazón y lo mantengo abierto, moriré. No puedo continuar. No voy a ir a trabajar. Si mantengo mi corazón abierto mientras trabajo y veo las miradas, los gestos y la forma en que la gente me trata, no puedo terminar mi día de trabajo.

Al volver a casa, ir a las tiendas o a cualquier lugar de la sociedad, al mirar las noticias, si mantengo mi corazón abierto, no puedo sobrevivir porque me penetra a un nivel muy profundo y reactiva generaciones de dolor. Porque recuerdo que mi padre y mi abuelo fueron tratados de una manera muy similar. Así que tengo que cerrar mi corazón. Si durante la mayor parte del día tengo que cerrar mi corazón para sobrevivir, ¿cuándo puedo sentirme seguro para abrirlo?

Pero no es hasta que eres capaz de abrir tu corazón y sabes cómo trabajarlo, que eres capaz de sanar tus heridas.

Volver a lo sagrado para sanar las heridas

¿Cuándo tienen los hombres de color un espacio, un tiempo, un lugar, para curar sus heridas, para poder recuperarse, destapar y descubrir nuevamente lo sagrado de quienes realmente son? Esta es la dicotomía con la que tienes que jugar. 

La familia de mi padre es nativa de Coahuiltecan. En nuestra creencia indígena tradicional, creemos que todo es sagrado. Todos nuestros hijos son sagrados. Mi abuela decía que cada niño era una bendición: los gordos, los flacos, los apestosos, los que obtienen buenas calificaciones en la escuela y los que no. No importaba. Todos ellos eran bendiciones. Y ella nos lo recordaba todos los días bendiciéndonos de esa manera. Simbólicamente, pero también muy directamente, era un recordatorio de que a pesar de tus heridas, a pesar de tus transgresiones, a pesar de tus problemas, todavía puedes volver a ese estado sagrado.

Ese es el mensaje para los hombres: tu estado sagrado está esperando; ¿estás dispuesto a hacer el viaje?

Trabajar en comunidad y reconocer nuestra parte de responsabilidad

BIONEERS: ¿Cómo ha respondido su comunidad a las discusiones sobre la masculinidad sagrada?

JERRY: Hace unos 30 años, había varios colegas míos: psicólogos, trabajadores sociales, maestros, juristas, abogados; y la mayoría de nosotros éramos latinos, chicanos, mexicanos, nativos, y estábamos muy frustrados, porque aunque supuestamente «lo habíamos logrado» (éramos profesionales y trabajábamos en nuestras comunidades), descubrimos que no había recursos en tales comunidades que realmente alcanzaran las normas culturales y espirituales de aquello en lo que nosotros creemos. Nos ofrecieron terapia, pero no era una terapia que estuviese en línea con la forma en que nosotros sanamos. Así que, hasta cierto punto, no fue útil. Nos ofrecían programas, pero los programas que ofrecían a las comunidades trataban de asimilarnos. Realmente querían eliminar nuestros verdaderos procesos indígenas y culturales, y hacernos creer que la herida que teníamos se debía a nuestra cultura.

Nos sentimos muy frustrados por ello y decidimos que desarrollaríamos algunos de nuestros propios programas. Un par de nosotros decidimos llamar a otros hombres que estaban en la profesión para reunirnos durante un fin de semana y comenzar la planificación del programa.

La otra parte que realmente nos molestó fue que nosotros mismos, los hombres, estábamos causando la herida. Por mucho que dijésemos que los sistemas, la colonización y los 500 años de conquista eran la causa de los problemas, en nuestros propios hogares y en nuestras propias familias, muchas veces nosotros, los hombres, practicábamos la violencia doméstica, o éramos infieles. Así que tuvimos este sentimiento dual, de estar enfadados con el sistema y estar enfadados con la historia, pero al mismo tiempo reconocer que estábamos haciendo esto.

El círculo de hombres

Llamamos a los hombres a reunirse. Sabíamos que los principales problemas eran el alcohol y las drogas en nuestras comunidades. Se presentaron diecinueve a nuestra reunión. Muchos de nosotros no nos conocíamos, pero éramos profesionales del sector. Comenzamos con oración, porque todos sabíamos que en los peores momentos, cuando no tenemos nada, nuestras abuelas nos hacían rezar. Todos sabíamos, en nuestro sentido indígena, que necesitábamos llamar a algo más grande porque este problema era algo más grande.

Y luego dimos la vuelta a ese círculo, y cada uno comenzó a presentarse. El tercer tipo que compartió dijo: «Estoy aquí para hacer lo que los otros tipos dijeron, pero mi verdadero problema en este momento es que fui maltratado cuando era un niño». Vi a mi padre maltratado y vi a mi madre maltratada, y vi el sistema. Y me rompió. Me rompió cuando tenía tres años. Aunque tengo una profesión, sigo sin saber cómo amar a mi esposa. Todavía no sé cómo conectarme con mis hijos. Así que trabajo todo el tiempo. Participo en actos electorales, y estoy tratando de hacer el bien a mi comunidad. Pero la verdadera razón por la que hago todo eso es porque no sé cómo conectarme. Necesito sanarme a mí mismo «. 

Y empezó a llorar.

Hace treinta años, ver llorar a un hombre indígena chicano era como: ‘Hey, ¿qué estás haciendo?’ Se está exponiendo a sí mismo. Está llorando. Eso nos afectó a todos. Tocó y resonó en nuestros corazones porque sabíamos que aquel hombre estaba diciendo la verdad. Cuando cambió la narrativa para hablar sobre lo que realmente le estaba sucediendo, el resto de nosotros dimos un giro y compartimos eso también. Cuando terminamos ese círculo, nos dimos cuenta de que todos estábamos heridos y de que nunca habíamos hecho nuestro propio trabajo. Aunque teníamos profesiones y nos llamaban los «exitosos», teníamos heridas generacionales y teníamos la herida en nosotros. 

Reclamar nuestro sagrado masculino

Después de esos tres días nos dimos cuenta de que lo más revolucionario que podíamos hacer era sanarnos a nosotros mismos. Antes de salir e intentar ayudar a otros, necesitábamos sanarnos para poder ser los mejores hombres que pudiéramos ser. Nos dimos cuenta de que se nos había dado una falsa sensación de vergüenza y nos hicieron tener un punto de vista negativo sobre nosotros mismos como hombres. Los hombres sagrados en nuestras comunidades trabajan duro. Son leales. Son proveedores.

Nos dimos cuenta de que había un aspecto sagrado que nunca se nos enseñó, y que esta sociedad intentaría continuar ofreciéndonos una falsa narrativa, en la que éramos negativos, patriarcales y tóxicos. Según esta falsa narrativa, para ser buenos hombres, teníamos que abandonar nuestra cultura y nuestra espiritualidad y ser como los hombres de Europa occidental. Teníamos que ser como ellos, hablar como ellos, actuar como ellos y obtener títulos como ellos para estar completos. 

Más tarde descubrimos que muchos de los llamados hombres «exitosos» no son mejores padres que nosotros.

Entonces, en ese círculo hace 30 años, nos comprometimos a compartir con otros hombres la necesidad de tomar un camino para sanarnos a nosotros mismos y reclamar nuestro sagrado masculino. 

Honrar a las mujeres y guiar a la próxima generación

Lo segundo que debíamos hacer era recuperar la enseñanza sagrada que nuestros antepasados nos habían enseñado: que el primer paso en la serie de ritos de paso a la hombría es honrar a las mujeres. Si no honras a las mujeres, lo sagrado de lo femenino, no puedes ser un hombre completo. 

Lo tercero que teníamos que hacer era comprometernos a guiar a la próxima generación. La organización llamada Red Nacional de Compadres ha existido durante 30 años, y hemos estado haciendo esto en todo el mundo. Desarrollamos y guiamos a los hombres, y tenemos círculos de sanación y apoyo por todas partes. También impartimos enseñanzas sobre los ritos de paso, sobre la paternidad, sobre la paternidad adolescente, sobre la recuperación. Hablamos con hombres que salen de instituciones y les damos un lugar donde pueden sanarse y desintoxicarse de las heridas sufridas en el sistema.

Una parte importante de lo que hacemos es preparar a hombres jóvenes y niños, y madres que están criando a niños varones, sobre cómo reclamarse y redirigirse a sí mismos a lo sagrado, y cómo lidiar con un entorno tóxico que quiere arrebatarte eso. ¿Cómo puedes cambiar, cuando entras en esta sociedad racista y opresora, y no perder la esencia de quién eres? A veces tienes que cerrar tu corazón. En ocasiones hay que hacer frente, y tienes que fingir. Necesitas tener un escudo. Pero es importante que te asegures de saber que eso no es quien realmente eres. 

El verdadero aspecto de la sanación es poder ser flexible en tu movimiento. Tratamos con personas de barrios empobrecidos, y algunos de estos jóvenes tienen que ser fuertes y duros para sobrevivir. Pero cuando entras en la casa de tu mamá, necesitas poder quitarte esa máscara. De eso trata realmente la sanación.

El papel de la feminidad en nuestra sanación

BIONEERS: ¿Qué papel juega la idea de feminidad en el trabajo que hace?

JERRY: En nuestra cultura indígena tradicional, no catalogamos lo masculino o lo femenino. Simplemente eres. Eres parte de los árboles, eres parte del universo, eres parte del sol, parte de la luna. Y cuando oramos, oramos en honor a esas cuatro direcciones. Honramos lo masculino, lo femenino, al niño y al anciano. 

En nuestra tradición, tenemos todos esos elementos en nosotros. Y uno, cuando está sanado, puede ir y moverse y sentarse en cualquier dirección y sentirse cómodo. A veces tenemos que sentarnos en la dirección femenina. 

Nuestras profecías dicen que en este momento, nosotros, como hombres, debemos sentarnos en la dirección de las mujeres, callarnos y escuchar, y permitirles que guíen. Ahora es el momento en que lo femenino debe guiar. Si no permitimos que lo femenino guíe, que es realmente la base de la sanación, de la escucha, de la atención, de la presencia, entonces este mundo seguirá siendo tóxico. 

El trabajo de las madres de los niños varones

BIONEERS: ¿Cómo pueden las mujeres que están criando niños varones ser plenamente conscientes de la masculinidad sagrada?

Jerry: Hay muchas mujeres que no tienen pareja porque no tuvieron una buena relación. Ha habido heridas y ha habido abusos. Las mujeres que no han hecho su trabajo interior, a veces llevan esas heridas. A veces llevan esa ira. Y a veces también llevan esa toxicidad. Luego ellas tratan con sus hijos y no quieren que sus hijos sean como su padre. Pero dicen: «Eres como tu papá». Eso realmente alimenta la toxicidad, el dolor y la desconexión, porque los niños no saben cómo queremos que sean. «Bueno, ¡sólo compórtate!». ¿Qué quiere decir eso?

Con las madres, parte del trabajo es hacer que ellas mismas hagan su trabajo interior, para que su herida y sus problemas no resueltos con el padre no se derramen sobre sus hijos. Hay muchos niños que no tiene un padre. En nuestra tradición, no tienes que tener un padre biológico, pero sí necesitas alguien que te apoye. 

Mi papá murió cuando yo tenía 13 años. Y cuando te ocurre esto, no sabes qué hacer. No quieres preguntar a nadie. Y no quieres hacer que tu mamá se sienta mal, así que simplemente lo compensas. Pero, a veces, cuando lo compensas, no lo haces de una manera buena. Buscas ejemplos, y si los ejemplos no son buenos, simplemente los seguirás de todos modos, porque es mejor hacer algo que quedarse atascado.

Tenemos muchos chicos jóvenes que están avergonzados. Y las madres necesitan reconocer eso y decir: «Hijo, sé que tu papá no está aquí. Así que busquemos un consejero». Y, incluso si estás dando una vuelta, tienes que insistir en buscar buenos ejemplos. Observa a ese hombre que está allí con sus hijos. Mira cómo los recoge. Fíjate en cómo está abrazando y besando a sus hijas «. Tienes que darte cuenta de esas cosas.

Además, los hombres tenemos que dar un paso adelante también. Los hombres tenemos que dar un paso adelante y ofrecernos a decir: «Estamos aquí». 

Creo que algo muy importante que debes hacer para ayudar a tus hijos, si no estás seguro de algo, es compartirlo con ellos. Decirles, «no estoy seguro de qué hacer, pero voy a caminar contigo.» Es un viaje. 

La guerra y su relación con la masculinidad tóxica

BIONEERS: ¿Qué relación tiene la participación en las fuerzas armadas y el trastorno de estrés postraumático ( TEPT) que se relaciona con el concepto de masculinidad tóxica?

JERRY: Fui reclutado en la era de Vietnam, así que estoy muy familiarizado con lo que eso le hace a uno. Sencillamente, te desconecta. Tal vez haya cambiado un poco ahora, pero en aquellos días, te gritaban, te ridiculizaban y te rompían. Querían derribarte para poder convertirte en este hombre militar, lo que en realidad consistía en tener el control y hacer lo que tenías que hacer, sin importar si era matar o mutilar, para defender a este país, sin importar lo que eso significara. Pero de lo que te das cuenta es que no se trataba realmente de defensa. Se trataba realmente sobre el control y subyugación, y eso te cala.

En aquel entonces, en la era de Vietnam, una de las heridas más grandes que sufrieron muchos de mis amigos y familiares indígenas, es que participaron y lucharon en esa guerra, pero no obtuvieron reconocimiento. No había sanación para ellos. Tengo amigos y colegas y familiares que han perdido a sus familias. Han sido encerrados. Toman drogas. Porque el trauma se convierte en problemas fisiológicos.

En las guerras recientes, permitieron a los soldados hacer dos, tres, cuatro, cinco, seis misiones. Están expuestos a tanta violencia y miedo. En cualquier lugar donde pises puede haber una bomba, así que tienes miedo de caminar por una carretera. 

Lo que termina ocurriendo es que se convierte en la norma. En la naturaleza celular de tu cuerpo, ese trauma se queda solidificado en ti. Y sale en momentos inesperados. Interrumpe tu sueño e interrumpe tu capacidad de sentir. Desconecta tu cuerpo de tu espíritu. Y hasta cierto punto, para estar en una guerra, tienes que desconectarte. Tienes que desconectar tus emociones de tu acción. Tienes que cosificar o convertir en un objeto al enemigo. Pero cuando cosificas tanto, la cosificación se aloja en tu memoria celular y te desconecta de tu corazón. Regresas, y si cualquiera te desafía, reaccionas. Pero puede ser que estés reaccionando frente a tu esposa o tus hijos.

Ahora tenemos muchas generaciones de hombres que están muy heridos. El problema de las personas sin hogar está aumentando debido a las guerras. Y también tenemos mujeres y niños sin hogar. Así que esto está interconectado a un montón de cosas.

No estoy seguro de si realmente entendemos el precio que hemos tenido que pagar. Intentamos proporcionar sanación. Tratamos de ayudar a los hombres a recuperar sus espíritus. Pero es un problema crónico. Hemos dado una enfermedad a los hombres que han ido a la guerra. Es como darle a alguien cáncer o diabetes. Es una enfermedad Y no puedes eliminarla. Tienes que tratarla.

Nos afecta a muchos de nosotros. Afecta a toda nuestra naturaleza y a lo que somos como hombres, como niños, como familia. Y las mujeres han sufrido tremendamente por causa de esto.

Cuando no estás conectado a tu corazón, pierdes tu sentido de compasión. Entonces todo lo que haces es reaccionar. 

Es un tema muy complejo del que nosotros, como sociedad, tenemos que hacernos cargo. El ejército tiene que hacerse cargo de ello, pero todavía no hemos llegado hasta ahí. Creo que, antes de que los hombres vayan a una situación como esta, primero que todo, tienen que estar enraizados en la masculinidad sagrada. Si tienes esa sacralidad, entonces sabes que incluso en la peor parte de tu miedo, no puedes cruzar ciertos límites. Hay ciertas cosas que no puedes hacer.

El guerrero en la cultura indígena

BIONEERS: Parece que hay diferencias importantes entre lo que el mundo occidental llama «guerrero» y la definición indígena. ¿Qué piensas de eso?

JERRY: El marco occidental de un guerrero es la conquista y el control. Es ese sentido de supremacía. El guerrero indígena tradicional es diferente. El guerrero es un protector. Ellos son quienes mantienen el honor. Ellos son quienes mantienen el espíritu y la integridad. A veces tienes que actuar por la fuerza, pero esa no es tu intención. 

En nuestra tradición, cuando nos preparásemos para ir a la guerra o a un viaje peligroso, nuestra comunidad entera nos rodearía en un círculo, y bailarían, cantarían y rezarían. Quemarían salvia y copal para que, dentro de nuestros espíritus, recordáramos ese latido del corazón, recordáramos ese tambor, escucháramos las voces de los ancianos, las mujeres y los niños. Entonces los ancianos nos darían nuestra dirección. La intención nunca sería hacer daño. Nunca sería para destruir. Sería para defender. Y a veces, defendiendo, sí, habría heridas, pero esa no sería la intención. 

Cuando los guerreros volvieran, entrarían de nuevo en el mismo círculo. La comunidad alejaría, limpiaría y eliminaría de ellos toda esa manifestación de quiénes tuvieron que ser fuera del círculo, para que pudieran regresar a su papel sagrado nuevamente. 

En muchas comunidades, ese escudo guerrero nunca se baja. Tienes que usarlo 24/7. Estás usando tu escudo de guerrero cuando estás dormido, así que ni siquiera descansas. Siempre estás en guardia. Los hombres de color, especialmente, sienten que tienen que ser hipervigilantes y vigilar constantemente. Nunca consiguen bajar ese escudo. Nos afecta de muchas maneras. 

Parte de las enseñanzas de la masculinidad sagrada es recrear nuestra narrativa y recapturar la narrativa sagrada de lo que significa ser un guerrero honorable. No se trata de violencia, se trata de protección. No se trata de tener relaciones sexuales. Se trata de tener una relación. No se trata de estar en control. Se trata de fluir. Tu éxito no se basa en el dinero y las cosas materiales, sino de lo de bien que estén tus relaciones.

Ese es el verdadero sentido del guerrero: uno que tiene integridad, respeto, confianza, amor y dignidad. El amor es una parte muy importante. Tenemos que saber amarnos a nosotros mismos y amar a los demás. Pero también debemos saber cuándo necesitamos ayuda, cuándo necesitamos sanarnos a nosotros mismos. Necesitamos ser capaces de pedirlo.

Jerry Tello, de ascendencia mexicana, tejana y coahuilteca, se crió en el South Central, en Los Ángeles y ha trabajado durante más de 40 años como experto líder en sanación transformadora para hombres y niños de color; justicia racial movilización comunitaria pacífica; y proporciona a los veteranos de guerra y sus cónyuges servicios de concienciación, sanación y apoyo en relación a la violencia doméstica.

Bioneers es una organización sin fines de lucro que destaca soluciones innovadoras para restaurar a las personas y al planeta. Fundada en 1990 en Santa Fe, Nuevo México por los emprendedores sociales Kenny Ausubel y Nina Simons, actúa como un fértil centro de conexión entre innovadores sociales y científicos con soluciones prácticas y visionarias para los desafíos ambientales y sociales más apremiantes del mundo.

Traducción y adaptación: Marta Mondéjar
Imagen: Okan Caliskan en Pixabay
Artículo original: Jerry Tello on Toxic Masculinity, Sacred Manhood, and Supporting Men to Uplift Society.
Marta Mondéjar
Marta Mondéjar
Bloguera, desarrolladora WordPress y traductora de inglés en Mujeres Sentadas en Círculo. Escribo y traduzco sobre liderazgo y empoderamiento femenino para contribuir a crear una sociedad «socidaria».

2 comentarios en “El camino de la masculinidad sagrada”

  1. Beatriz colmar

    Magnifico, Gracias ! Yo añado: la mujer puede ayudar a conectar siempre y cuando le permita hacerlo a su manera , somos diferentes y nos manifestamos y conectamos de diferente manera. Respetar su proceso, favorecerlo entendiéndolo. Si recordásemos lo que nos costó a nosotras (y a veces nos cuesta) podremos ponernos en su lugar y facilitar el camino, al menos no poner zancadillas.

    1. ¡Gracias por tu comentario, Beatriz! ¡Es el primero desde que abrí esta web en noviembre de 2018 y me hace mucha ilusión!

      Estoy totalmente de acuerdo contigo. Nosotras podemos ayudarlos, sobre todo, estando presentes y apoyándolos en su proceso, que debe ser como tú dices, a su manera y a su ritmo. Si los ayudamos, nos ayudamos a nosotras mismas y a toda la humanidad. La posibilidad de crear un mundo mejor para todos depende de que todos, hombres y mujeres, sanemos nuestras heridas y nos conectemos más a nuestro corazón y nuestros sentimientos.

      ¡Un abrazo!

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