¿Liberación o soberanía sexual?, ¿hay diferencia?

Ayer, mi instructora de sintotermia, me preguntó cómo diferenciaría yo entre liberación sexual de la mujer y soberanía sexual femenina. Todo surgió a raíz de un artículo que ella compartió donde se mostraba que, debido a la decepción y el dolor de la “supuesta liberación sexual”, muchas parejas estaban regresando al matrimonio y a la religión.

Yo no pude estar de acuerdo en que regresar a la religión fuese positivo, al menos, a aquellas religiones que reprimen la sexualidad. ¡Precisamente, la dura represión sexual de tiempos pasados precede a la “liberación” o promiscuidad, en muchos casos, desenfrenada! Sólo se me ocurría pensar en la cantidad de películas llenas de tetas, culo y sexo que tuvieron lugar en España tras la muerte de Franco. ¡Apareció en muchísimas de ellas, como una obsesión!

¿Es mala, acaso, la liberación sexual? Yo diría que no hay nada malo, salvo que nuestra experiencia en ella nos resulte negativa en sentido emocional o físico. Yo prefiero la soberanía sexual, pero la soberanía sexual precisamente consiste en poder elegir.

¿Es la liberación sexual realmente libre?

Analicemos en primer lugar si la liberación sexual es realmente libre, o es realmente una tendencia, o una moda, resultado de siglos de dura represión. ¿No es lo que todos hacen? Pero si realmente es lo que todos hacen, existe la posibilidad de hacerlo, no en libertad, sino para ser aceptadas, o aceptarnos a nosotras mismas. Nadie quiere ser menos, ser raro, o llegar virgen a los treinta…

Lo cierto es que, muchas de nosotras, no deseamos realmente este tipo de sexo casual, porque a menudo nos resulta carente de significado, de amor y de afecto, y emocionalmente vacío y doloroso. Podemos decir, presas del dolor, que sólo queremos divertirnos, que no necesitamos a nadie, … y puede ser verdad para ti, pero otras muchas anhelamos en el fondo una pareja estable, que nos dé mucho más que sexo, a nivel emocional.

De manera que, en ocasiones, participamos en sexo casual, pero esto no procede necesariamente de nuestra libertad, sino que puede proceder de una necesidad de aceptación, y de un nivel bajo de autoestima.

No digo que este sea el caso de todas, ni mucho menos. Ni digo que sea el tuyo. Sólo digo que, investigando en nuestro interior, podríamos darnos cuenta que este sea nuestro caso.

De hecho, aunque pueda sorprendernos, también hay hombres que desean tener una relación con una mujer que los ame, y que tras probar el vacío emocional de un polvo con una desconocida cualquier sábado por la noche, decidan amarse ellos solos hasta que llegue la persona adecuada. Si llega…

¿Qué es nuestra soberanía sexual?

La soberanía sexual no es una moda, ni es el resultado de la represión ni del anhelo de que ese polvo del fin de semana se convierta en algo más. Entonces, ¿qué es, y en qué se diferencia de la liberación sexual?

La soberanía sexual es una elección consciente. No procede de ninguna situación de falta de poder. Ocurre cuando la mujer se da cuenta de que su cuerpo y su placer son absolutamente sagrados, y ella es dueña, o recupera la propiedad de su cuerpo y su sexualidad.

Ninguna institución, incluyendo las instituciones religiosas, ni ninguna otra persona, es dueña del cuerpo y la sexualidad de ella, ni toma decisiones sobre los mismos.

Nadie puede decirle que su sexualidad es un pecado. Ella decide qué creer y qué hacer.

También decide si quiere tener sexo, y qué le gusta. Tiene poder suficiente para decir no a lo que no le apetece.

Ella se ha liberado de las enseñanzas religiosas opresoras de la sexualidad y ya no cree que masturbarse sea pecado, porque sabe que su placer es sagrado en lugar de pecaminoso.

Ha desterrado de su vocabulario, por tanto, las palabras cochinadas, guarrilla, guarrillos… cuando hablar de sexo, de su placer o de su sexualidad.

Si desea tener pareja estable, tal vez decida esperar y darse placer a sí misma, sin pudor, aceptando y amando profundamente su cuerpo. Y cuando por fin aparezca esa persona, la adorará por su sensualidad, su amor y su respeto por sí misma.

Pero igualmente se respeta y toma una decisión soberana si decide tener sexo ocasionalmente con alguien que le guste. Aprende a estar feliz sola, y escoge bien sus encuentros sexuales, a fin de divertirse sin expectativas y explorar su placer en pareja; pero tal vez, decida no intercambiar su sagrada energía con cualquiera. ¡Ella es una diosa!

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