Me siento herida… ¿por qué?

¿Te has sentido herida alguna vez? ¿Cómo reaccionaste? Nos sentimos heridos en algunas situaciones porque eso es lo que nos han enseñado a sentir. Tal vez, si nos hubieran enseñado que el otro no quiso herirnos… ¡Que esa fue la única manera en que supo, o no supo, manejar la situación o sus sentimientos…!

Creo que esta es una realidad que, a menudo, camina en ambos sentidos. Puedo pensar perfectamente en algunas situaciones donde me sentí herida, y si le preguntaras al otro, te diría que se sintió herido también.

Pero, en cualquier caso, nos sintamos inocentes o no, probablemente lo somos… ¡Tanto como el otro!

Hace algún tiempo tuve el privilegio de vovler a ver sobre el escenario a Rafael Álvarez, el Brujo, quien en su obra Autobiografía de un Yogui, lo empresó así: “Cuando ustedes salgan de aquí, cada uno habrá visto un espectáculo distinto”.

Así de relativa es la realidad. Así nos lo dice una y otra vez don Miguel Ruiz. No podemos tomarnos nada personalmente porque cada uno vive en su propio sueño. Cada persona tiene una percepción propia de los hechos, y construye su propia historia.

Esta historia la creamos nosotros mismos en nuestra mente siguiendo, normalmente, los patrones aprendidos. Por eso digo al principio que nos sentimos heridos en algunas situaciones porque eso es lo que nos han enseñado a sentir. Lo hemos aprendido de nuestra familia, de la sociedad, de la televisión, de las canciones, de todo lo que nos rodea.

A veces, nos han enseñado a sentirnos el malo de la historia, y así, la voz de nuestra mente a la que llamamos el Juez continuamente nos lo recuerda. Otras veces, hemos aprendido, como digo aquí, a sentirnos heridos por el otro, y es la voz de la Víctima la que se hace oír alegando su verdad.

Mi reflexión de hoy es tratar de mirar los hechos con más amor y compasión. Esto es lo que me dije a mí misma la última vez que me sentí agraviada… ¿Y qué, si el otro nunca quiso hacerte daño? ¿Y si sólo hizo, como tú, lo que mejor pudo con sus propias heridas, sus propios miedos, sus propios sentimientos, su propio orgullo? ¿Y si detrás de todos esos muros que nos separan está el amor natural que todos sentimos por los demás, en especial cuando los conocemos y hemos vivido juntos buenos momentos?

¡Qué distinta es esta idea al pensamiento de mi Juez y mi Víctima cuando confabulan para inventar la terrible mentira de que no hay ni hubo jamás amor en el otro hacia mí!

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